Hoy es Abogado, en la eternidad será Juez (Juan 3:17-21)


“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”.
Juan 3:17-21

INTRODUCCIÓN


                En estos versículos encontramos dos verdales elementales acerca de la misión de Cristo en esta tierra. La primera es que vino a este mundo para que el mundo sea salvo por medio de Él, para que todo aquel que cree en Él sea salvo de la condenación eterna. Por causa del pecado todos estamos destituidos de la gloria de Dios, sin embargo, debemos buscar su misericordia a través de nuestro Señor Jesucristo: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 6:23). Aunque somos culpables de haber cometido pecados en contra de Dios el Señor nos declara justos de forma gratuita por medio de la fe en la redención en Cristo Jesús: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”, (Romanos 3:23-24).

Jesús-Abogado-y-Juez


JESÚS VINO A SALVAR A LOS QUE CREEN


“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado…”


              En su primera venida Jesús vino para ofrecer su vida como una ofrenda agradable delante del Padre como remisión por los pecados de la humanidad. Sin embargo, este sacrificio se hace efectivo únicamente para los que creen en su nombre. Las Escrituras nos enseñan que es a través de la fe en su nombre y en el sacrificio que realizo que podemos alcanzar la misericordia de Dios y el perdón de nuestros pecados escapando así de la condenación eterna: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”, (Romanos 10:9). Es durante esta dispensación de su gracia que Dios ofrece su amor a esta generación pecadora y Jesús funge como un Abogado e Intercesor por todos aquellos que se humillan delante de Él confesando sus pecados, tal y como lo declara 1 Juan 2:1: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”, (1 Juan 2:1). No obstante, llegará el día en el que Jesús ya no será Abogado de nadie y se convertirá en el Juez de todos los que amaron más el pecado.

JESÚS SERÁ EL JUEZ DE TODOS LOS PECADORES


“…pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.


                 La Biblia es clara al declararle al hombre que si reúsa creer en el nombre del Unigénito Hijo de Dios solo le esperara la condenación eterna. Jesús lo dejo muy claro antes de ascender a los cielos y darles a sus discípulos la tarea de la gran comisión: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado”, (Marcos 16:15-16). Desde entonces la iglesia ha predicado el mensaje del evangelio y los que creen y son bautizados han alcanzado el perdón de sus pecados, pero los que no creen son condenados. Se cuenta que en una ocasión una persona fue acusada de un delito que amenazaba con llevarlo a la cárcel, entonces preocupado por ello busco la ayuda de un abogado para que lo defendiera. El abogado hablo con él después de analizar su caso y le mostro como podía ayudarlo durante su audiencia para ser declarado inocente, sin embargo, confiado que podía representarse así mismo con la información que el abogado le había dado, decidió no contratarlo y ser él mismo su defensor. Pasaron los días y llego el día de su audiencia, entonces comenzó a preocuparse y a creer que había cometido un error al no contratar la ayuda del abogado, los nervios lo traicionaban y creía que no lograría defenderse de las acusaciones del fiscal; cuando de repente, justo faltando uno pocos minutos para iniciar el juicio vio entrar a aquel abogado que  había lo había asesorado, esto lo alegro mucho y acercándose a él le dijo que le ayudara a defenderse durante el juicio. Sin embargo, este le respondió que no podía hacerlo. Aquel hombre le pregunto asombrado: ¿por qué? Este le respondió: porque seré el juez en su juicio. Increíblemente esta historia se repetirá para muchos que pudiendo hoy escoger a Cristo como su Abogado, aquel que hoy puede perdonar sus pecados, se enfrentaran a Él como el gran Juez que los juzgará por todos sus pecados y los condenará eternamente.

LA CAUSA DE SU CONDENACIÓN


“…Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”.


                    Nuestro Señor Jesucristo deja claro en que consiste la condenación de los hombres: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. La razón por la cual algunos seres humanos se condenaran es porque decidieron rechazar a Cristo ya que amaron más el pecado. La luz siempre ha estado y estará en lucha con las tinieblas porque no hay armonía entre ellas, por eso cuando las obras de los hombres son malas ellos no gustan de acercarse a la luz del evangelio porque éste los confronta, sin embargo, aquel que vive en justicia viene a la luz para que sus buenas obras sean reveladas por su Padre celestial. Quiera Dios que todos amemos más la luz que las tinieblas porque de lo contrario un día seremos juzgados por nuestros pecados.

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