Los dones de Cristo: Los Ministerios



“Por esto dice: «Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres.» (¿Qué quiere decir eso de que «ascendió», sino que también descendió a las partes bajas, o sea, a la tierra? El que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo)”.
Efesios 4:8-10 (NVI)

A
cabamos de hablar acerca de los dones espirituales los cuales son repartidos por el Espíritu Santo el cual “reparte a cada uno según él lo determina”, (1 Corintios 12:11, NVI). Sin embargo, ahora el apóstol nos habla de otro tipo de dones, los dones de Cristo. En el pasaje anterior, Pablo cita de una manera un tanto diferente parte de la escritura que se encuentra en un Salmo: “Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombres, y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios”, (Salmo 68:18, RV60). En su significado original el Salmo describe la victoria de un rey sobre sus enemigos, el cual inicia un desfile de retorno a su reino llevando cautivo los prisioneros de guerra como parte de su botín y gloria, aparte de recibir dones o tesoros los cuales son dedicados a Dios. Sin embargo, ahora viene el apóstol Pablo y retoma el Salmo de una manera diferente. Refiriéndose a la victoria de Cristo, dice que ascendió al cielo llevándose a la cautividad, frases en las que muchos ven el momento donde el Señor decide liberar a las almas de todos los santos del Antiguo Testamento que se encontraban en el centro de la tierra separadas del Hades por un enorme abismo: “Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá”, (Lucas 16:26, RV60). El apóstol aclara que este Cristo que ascendió es el mismo que descendió a las partes bajas de la tierra. La escritura era clara al decir que después de su muerte Jesús resucito ascendiendo del Hades: “Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción”, (Hechos 2:27). Este mismo concepto lo maneja Pedro en una de sus cartas cuando dice que Jesús descendió al centro de la tierra a predicarles a las almas ante-diluvianas: “En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”, (1 Pedro 3:19-20). Hasta el mismo Jesús anuncio que le era necesario descender al centro de la tierra, pero después ascendería lo cual sería la señal que demostraría su autoridad y divinidad: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches”, (Mateo 12:40, RV60).

Ahora bien, en lugar de tomar los dones de los hombres, reparte entre los hombres dones: y dio dones a los hombres. En este caso la palabra dones proviene del griego dóma (δόμα) el cual denota un regalo que alguien ha recibido. En este sentido el texto nos está diciendo que Cristo ha dado un regalo a su iglesia: los ministerios. A continuación, en el versículo 11 el apóstol menciona los cinco ministerios o dones que la iglesia ha recibido:

“Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Esto, para que ya no seamos niños, sacudidos a la deriva y llevados a dondequiera por todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia las artimañas del error; sino que, siguiendo la verdad con amor, crezcamos en todo aquel que es la cabeza: Cristo”.
Efesios 4:11-15 (RVA)

Dios ha otorgado a algunos miembros de la iglesia del Señor cierta agrupación de dones, los cuales presenta el apóstol Pablo en la carta de los Efesios “...Y el mismo constituyó a unos apóstoles; a otros profetas; a otros, evangelistas; a otros pastores y maestros... (Efesios 4:11, RV60). Tales dones son otorgados por la gracia de Dios a través de Jesucristo “…Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido” (Efesios 4:7, NVI), y deben de contribuir a la armoniosa unidad del Cuerpo de Cristo “Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz” (Efesios 4:3, NVI), hasta que esta alcance su meta final  “De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo”, (Efesios 4:13, NVI). El apóstol Pablo al referirse a los dones ministeriales no se refiere a ellos como dones espirituales, sino como dones de la gracia (Efesios 4:7), la importancia no radica en que uno sea apóstol, profeta, evangelista, pastor o maestro, sino que cada uno de los hombres que poseen por gracia divina alguno de los dones en mención, ha de ser considerado como parte de la gracia de Dios concedida a la iglesia. Todo cristiano con alguno de estos dones ha de ser considerado como un don de la gracia de Dios para la iglesia. Tales dones son especiales, puesto que su función práctica en la iglesia es permanente. Los donados ministerialmente son aquellos dirigentes espirituales talentosos llenos de la gracia de Dios. Su tarea consiste en “capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio…”, (Efesios 4:12a, NVI) ayudando a éstos a desarrollar su propio ministerio según los dones de cada uno.  Desde este punto de vista los cinco ministerios tienen una función relacionada con la enseñanza y el liderazgo que genera nuevos lideres. Son tutores que guían a otros a través de su influencia formando su carácter, ayudándoles a descubrir y desarrollar sus dones para beneficio del Cuerpo de Cristo. Además, son los responsables de “la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12b, RVA). La palabra edificación proviene del griego oikodomé (οἰκοδομή),  que literalmente significa el acto de construir un hogar, en el sentido figurado significa promover el crecimiento espiritual del creyente. Esta expresión denota el efecto fortalecedor de la enseñanza de la palabra de Dios mostrándonos una vez más que los ministerios tienen la función de la enseñanza. En sus cartas pastorales Pablo habla acerca de la importancia del oficio de la enseñanza de los ministros de Dios a tal punto que debe estar a cargo de hombres capaces de ejercer esta noble función: “Lo que oíste de parte mía mediante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. (2 Timoteo 2:2, RVA). De igual forma el ministro de Dios debe tener cualidades para la enseñanza.

“Pues el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar y sufrido”.
2 Timoteo 2:24 (RVA)

                 De acuerdo a la Biblia, el oficio de la enseñanza tiene como objetivo conducir a la edificación del Cuerpo de Cristo la cual se deja ver en las siguientes características:

*       Llegar a “la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios” (Efesios 4:13, NVI).  Es decir, mantenernos unidos como Cuerpo de Cristo y como lo dice el Apóstol Pedro “creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, (2 Pedro 3:18, RV95).
*       “Ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, (Efesios 4:13, RVA).
*       No ser como “niños, sacudidos a la deriva y llevados a dondequiera por todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia las artimañas del error, (Efesios 4:14, RVA).
*       “Vivir la verdad con amor”, y crecer “hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo”, (Efesios 4:14, RVA).
La palabras “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”,  (Efesios 4:13, RV60), nos indica que los cinco ministerios están vigentes hasta que ocurra el rapto de la iglesia.

Si observamos detenidamente la función de estos ministerios nos podemos dar cuenta que están fundamentados en la tarea ministerial de Jesucristo. No cabe la duda que Jesús en el gran Apóstol, al ser el enviado por Dios y el supremo fundador de la Iglesia (Hebreos 3:1). Como profeta declaro con gran autoridad las calamidades que le esperaban a este mundo y la esperanza de los justos, (Mateo 24). En su persona encontramos al gran evangelista, viéndolo de aldea en aldea y de sinagoga en sinagoga predicando y sanado a los enfermos, y de igual forma no cabe la duda que es el gran Maestro por estar entregado a la enseñanza de sus discípulos (Mateo 4:23). Finalmente, Él se autodenomina el buen pastor, al ser considerada su iglesia como el rebaño que apacienta (Juan 10:11).

oficio-Cristo-repartido

Veamos detenidamente cada uno de estos cinco ministerios.

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