Las viñas del Señor (Jeremías 4:3)


“Porque así dice Jehová a todo varón de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos”.
Jeremías 4:3

INTRODUCCIÓN


           Cuando una persona adquiere un campo espera obtener de él un beneficio; sin embargo, es importante la forma de cómo se hará, la semilla que utilizará, las herramientas que utilizara y el tipo de terreno donde se hará.  De manera figurada también cada uno de nosotros tenemos un campo donde sembramos y cosechamos los respectivos frutos y esta es nuestra vida. Por ello Dios le decía a su pueblo Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos. Obviamente este campo se nos ha sido otorgado por Dios y un día daremos cuenta de la forma de cómo lo sembramos y del fruto que produzca.

viñas-Señor
Las viñas del Señor
           A través de la Biblia podemos encontrar cómo Dios ha plantado sus diferentes viñas y ha puesto al hombre para que trabaje en ella y éste se beneficie de ella; lamentablemente el hombre ha desaprovechado la oportunidad que Dios le ha dado, y lejos de encontrar un fruto agradable ha encontrado desagrado. Por otro lado todos somos sembradores, y nuestro fruto depende de la semilla que estemos sembrados, ya sea para bien o para mal. Veamos las diferentes viñas del Señor.

I.                   LA PRIMERA VIÑA: EL HUERTO DEL EDÉN.


“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus. Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.  Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.
Génesis 2:7-17

La primera viña que Dios planto fue el Huerto del Edén. Dios creo a hombre y le dio el señorío de todo lo creado para que lo administrase. El Huerto del Edén era un hermoso bosque cubierto por toda clase de árboles que daban deliciosos frutos, que era regado por un rio que se dividía en cuatro brazos y estaba rodeada por toda clase de hermosos metales como el oro, bedelio y ónice. El hombre era responsable de cuidar este hermoso paraíso en la tierra, tenía que labrar y guardar esta tierra y comer de todo árbol del huerto; sin embargo, Dios le dio un tan solo mandamiento que tenía que guardar: del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Lamentablemente el hombre desobedeció esta orden y el pecado entro al mundo y así el hombre fue expulsado de aquel hermoso paraíso.

II.                LA SEGUNDA VIÑA: ISRAEL.


“Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”.
Isaías 5:1-7

            La segunda viña que encontramos en la Biblia es Israel. Es una historia que inicia en Génesis 12 y cubre todo el Antiguo Testamento hasta las primeras páginas del Nuevo Testamento donde el Mesías es negado por ellos, luego se abre un paréntesis para que la iglesia del Señor tome protagonismo, pero vuelve a aparecer en Apocalipsis para finalizar una historia de alrededor 6, 000 mil años. Todo comienza con un hombre de Ur de los caldeos el cual es llamado a dejar su tierra y parentela a la tierra que Dios le mostraría y a partir de aquí se desprende una historia que describe a grandes patriarcas, jueces, profetas, sacerdotes y reyes. Israel es la segunda viña y a ellos se les dio una tierra fértil y donde podían habitar con toda libertad. Sin embargo, Israel tenía que cumplir las leyes y mandamientos que Dios les había entregado por medio de Moisés en el monte Sinaí y ellos fallaron.  Como consecuencia de su desobediencia Israel cayó en manos de gentiles y años más tarde Jerusalén fue destruida por los babilonios junto con sus muros y el Templo y así el pueblo fue exiliado a una tierra extranjera por espacio de 70 años hasta que Dios volvió a llamarlos de todos los confines de la tierra.

            Años más tarde cuando los israelitas se habían ubicado de nuevo en su tierra Dios envía al Mesías, nuestro Señor Jesús a ellos para establecer un reino espiritual, pero ellos lo despreciaron.

“Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Más los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”
Mateo 21:33-41

            Esta parábola describe lo que Dios hizo con Israel al entregarles una preciosa villa de la cual podían beneficiarse, pero cuando envió a sus mensajeros los profetas a reclamar el fruto de la obediencia, estos lo rechazaron, terminando con la muerte de su Hijo Jesús. Sin embargo, por tal motivo decidió arrendar la viña a otros: la Iglesia.

III.             LA TERCERA VIÑA: NUESTRA VIDA EN CRISTO.


“Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;  pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.  El que tiene oídos para oír, oiga”.
Mateo 13:3-9
            La tercera viña se encuentra precisamente en nuestro corazón. A través de la parábola del sembrador el Señor establece la siguiente enseñanza:

1.      El sembrador es el predicador de la palabra.
2.      La semilla es la palabra de Dios.
3.      Cada terreno representa la condición del corazón humano.
4.      Los de junto al camino: es el corazón duro que no acepta la palabra de Dios. Las aves del cielo representan a Satanás que quitan la palabra para que no tenga efecto en el hombre y este no se salve.
5.      La que cayó en pedregales: es el corazón descuidado, el que no tiene fuertes convicciones de tal forma que cuando vienen las pruebas tropiezan.
6.      La que cayó entre espinos: es el corazón atiburrado, aquel que por afanarse en los deleites y riquezas de este mundo nunca deja que la palabra provoque el efecto deseado.
7.      La que cayó en buena tierra: es el corazón convertido, aquella persona que palabra recibe con mansedumbre la de Dios y permite que esta le transforme a tal punto que produce un fruto agradable delante de Dios.


El deseo de Dios es encontrar un fruto agradable en cada una de nuestras vidas pero eso solo puede lograrse a través del arrepentimiento de nuestros pecados. Cuando permitimos que Cristo venga a nuestras vidas Él se encarga de transformarnos y por medio del Espíritu Santo producimos un fruto agradable: “porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad”, (Efesios 5:9).

CONCLUSIÓN.



Un día Dios vendrá por nosotros a buscar un fruto agradable, pero por causa del pecado esto nos resultara en condenación eterna. Pero por medio del arrepentimiento de nuestros pecados Jesús puede producir la reconciliación con nuestro Señor y a través del Espíritu Santo dar el fruto que tanto desea.

Share on Google Plus

About Walter Cuadra

0 Comments:

Publicar un comentario