Los efectos del Evangelio (2 Corintios 2:15-16)


“Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden;  a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?”
2 Corintios 2:15-16

INTRODUCCIÓN


            Es curioso ver como ante un mismo agente, algunas sustancia reaccionan diferentes. Por ejemplo, la arcilla expuesta al sol tiende a endurecerse, mientras que la cera se derrite. Dos reacciones completamente opuestas ante un mismo agente. De igual forma, el mensaje del evangelio puede provocar dos clases de efectos completamente diferentes a sus oyentes y de esto es lo que Pablo nos habla en estos versículos.

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Los efectos del Evangelio 

       I.            EL EFECTO SOBRE LOS QUE NO SE SALVAN.


“… y en los que se pierden;  a éstos ciertamente olor de muerte para muerte…”

            Para unas personas el evangelio es olor de muerte para muerte. Conocer la palabra de Dios, lejos de ser una bendición para salvación, les acarrea gran condenación al desobedecer conscientemente. Veamos dos ejemplos de estos en la Biblia.

1.      El ejemplo de Faraón.


“Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel”.
Éxodo 5:1-2

            Faraón es la primera persona que encontramos en la Biblia a la cual el conocer la palabra de Dios le sirvió únicamente para perdición de su alma. Para este tiempo Israel estaba esclavizado en Egipto y Dios había enviado a Moisés a Faraón con un mandamiento único: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. Sin embargo, Faraón mostró ignorancia en cuanta a este Dios y se negó a obedecer su mandamiento: Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.

            Como consecuencia de su ignorancia, Dios se revelo a él a través de 10 plagas que acabaron a Egipto y humillaron cada uno de sus dioses, mostrando que verdaderamente Él era Dios. Muchas personas son como Faraón, los cuales no tienen conocimiento del evangelio, pero cuando se les presenta se muestra escépticos y se niegan a obedecerlo por considerarlo una locura. Pero es allí donde Dios se manifiesta a su vida con una serie de pruebas que los van humillando hasta que finalmente, como Faraón, mueren en su rebeldía. Así el evangelio fue olor de muerte para muerte de ellos.

2.      El ejemplo de Agripa.


“¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano”.
Hechos 26:27-28

Otros son como el rey Agripa. Se cree que Agripa era un familiar directo de Herodes el Grande, y era rey de Galilea y Perea. Este conocía muy bien la ley judía y los profetas por lo cual Pablo lo instó a creer en el mensaje del evangelio: ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Sin embargo, Agripa decidió no comprometerse con Dios con tal de agradar a los romanos que lo habían puesto como rey y rechazar así la fe: Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano. Muchas personas son como Agripa, que de alguna manera tienen conocimiento del evangelio, simpatizan con él, les gusta escuchar de vez en cuando los mensajes, asisten posiblemente a la iglesia entre semana, colaboran con sus proyectos y hasta ofrendan; pero no están dispuestos a abandonar sus pecados y convertirse a Dios. Lamentablemente estos no se salvaran y el evangelio también será olor de muerte para muerte.

    II.            EL EFECTO PARA LOS QUE SE SALVAN.


“Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan…”

            Sin embargo, para otras personas el evangelio es olor grato de Cristo para salvación y en la Biblia encontramos algunos ejemplos:

1.      El ejemplo de Lidia.


“Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía”.
Hechos 16:13-14

            Lidia es considerada como una de las primeras conversiones en la región europea. Ella era una vendedora de purpura, una especie de sustancia que se usaba para teñir la tela y era bastante cara en su época, por lo que se cree que Lidia era una mujer rica. Sin embargo, cuando escucho hablar a Pablo acerca del evangelio de Dios, ella recibió con gran interés el mensaje, a tal punto que el Señor le abrió el corazón para que ella creyese y se convirtiese. Todos debemos imitar el ejemplo de esta piadosa mujer, y mostrar gran interés en los propósitos de Dios y su palabra ya que es en ella donde se encuentra la vida eterna. Esta nos muestra a Jesucristo, el único camino al Padre. A pesar que Lidia lo tenía todo materialmente hablando, sabía que necesitaba recibir el perdón de Dios y tener no solo en esta tierra herencia, sino también en el cielo.

2.      El ejemplo del Carcelero de Filipo.


“Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”.
Hechos 16:27-31

            Otro ejemplo de esto es el carcelero de Filipo. Para este momento Pablo y Silas estaban encarcelados por causa del evangelio, pero de repente cantando himnos a media noche sobrevino un gran terremoto que movió todos los cimientos y abrió todas las puertas. Cuando el carcelero se dio cuenta pensó que todos los presos habían huido y eso era pena de muerte para los romanos a tal punto que decidió quitarse mejor la vida, pero es allí donde Pablo le grita y dice: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El carcelero atendió la voz de Pablo y le dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? La respuesta fue: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Muchas personas como el carcelero tal vez se encuentren en la misma situación, y piensan que la mejor opción es el suicidio. Pero cuando escuchan el mensaje de esperanza del evangelio y se les invita a creer en Jesús, estos alcanzan la misericordia de Dios.

CONCLUSIÓN.



Para algunos, los que lo rechacen y se nieguen a creer, el evangelio es olor de muerte, pero para los que creen, el evangelio es olor grato a Cristo para salvación.

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