Misericordia hasta para el peor pecador (2 Crónicas 33:10-13)



“Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon; por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia. Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres.  Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios”.
2 Crónicas 33:10-13

INTRODUCCIÓN


            ¿Hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios? ¿Hasta dónde puede llegar un pecador? Estas dos preguntas tienen su respuesta al estudiar este texto que nos habla de la vida de un rey. Manasés reino en Judá después de su padre Ezequías pero lamentablemente no siguió los mismos pasos de justicia ya que se dedicó a pecar abiertamente en contra del Dios de sus padres.

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Los pecados de Manasés

       I.            LA MALDAD DE MANASÉS.


“De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén. Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel”.
2 Crónicas 33:1-2
            La Biblia en este relato nos muestra todos los pecados que Manasés llego a cometer, y dice que fue de acuerdo a las naciones que Jehová había echado de delante de Israel. Veamos en qué consistieron sus pecados.

a.       Se dedicó a la idolatría: “Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto”.
b.      Profanó el Templo de Dios: “Edificó también altares en la casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente”.
c.       Mató a sus propios hijos: “Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom”.
d.      Practico la hechicería: “y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores”.
e.       Alejo a otros de los caminos de Dios: “Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel”.

            El pecado de Manasés se agravo aún más ya que él fue hijo de Ezequías, un rey piadoso que hizo grandes reformas en el país, y aun habiendo conocido lo que su padre hizo, Manases decidió revelarse abiertamente en contra de Dios, pecando voluntariamente y conduciendo a otros por el mal camino, esto desagrado terriblemente a Dios.

“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios”.
Hebreos 10:26-27

            Por ello el relato aclara la ira de Dios sobre Manasés: “…se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira”.

    II.            LA ADVERTENCIA DE DIOS DE ALEJARSE DEL PECADO.


“Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon”.

            A pasar de su maldad, Dios no procedió a destruirlos inmediatamente, sino les amonesto por su pecado y los exhortó al arrepentimiento. Desde siempre, el Señor ha estado llamando al hombre al arrepentimiento, a que se convierta de sus malos caminos ya que de lo contrario pagara por todos sus pecados.

“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Romanos 6:23

            Lamentablemente, Manasés no obedeció y por tal motivo vino el juicio de Dios.

 III.            LA PAGA DEL PECADO.


“… por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia”.

            Los asirios eran una nación terrible que atemorizaba a cualquiera de sus tiempos, y a éstos uso Dios para traer su castigo a tal punto que: aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia. Nadie puede creer que saldrá invicto después de haber practicado el pecado, tarde o temprano pagara por ellos.

  IV.            LA ORACIÓN DE ARREPENTIMIENTO.


Sin embargo, a pesar de que se trataba quizás de uno de los pecadores más malvados de su tiempo, Dios escucho su oración cuando éste se arrepintió de sus pecados.

“Más luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres.  Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios”.

            Este relato nos muestra la infinita misericordia de Dios, más grande que la multitud de los peores pecados.

            CONCLUSIÓN


John Newton, un inglés que se dedicaba junto a otros a transportar esclavos en barco, un día en alta mar una tormenta terrible los azotó, a tal punto que el creyó que había llegado su fin, y fue allí donde decido clamar por misericordia a un Dios que había ignorado toda su vida. Dios le respondió, y lo saco vivo de esa horrible situación a tal punto que condujo a este hombre a los pies de Cristo. Años más tarde, en 1773,  como resultado de su experiencia, Newton escribió un famoso coro que se conoce como “Sublime Gracia”, y describe como el Señor tuvo misericordia de un perdido pecado que no merecía perdón.


            Esta fue la misma situación de Manasés y la de muchos que un día nos dedicamos a pecar ignorando el llamado de Dios, pero cuando nuestra alma se vio en gran angustia y clamamos, Él nos escuchó y libero por su infinita misericordia. Así hoy, sean muchos o pocos nuestros pecados, Dios puede perdonarlos si estamos dispuestos a arrepentirnos y alejarnos de él.

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