Manteniendo nuestra integridad (1 Samuel 2:25)




“Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir”.
1 Samuel 2:25

INTRODUCCIÓN


            La santidad es un requisito indispensable en nuestra vida como cristianos. Lamentablemente vivimos en un mundo que no contribuye a la santidad, sino todo lo contrario, estimula constantemente a los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. El problema con esto es que incluso a contaminado a la iglesia de Señor a tal punto que hay algunas personas que llevan una doble vida, fingiéndose cristianos en la iglesia o incluso desempeñando algún privilegio, tiene pecados ocultos y esto provoca el desagrado de Dios. En la Biblia podemos ver como este comportamiento hipócrita desagrada a Dios. Por ejemplo, en Oseas expresa su desagrado al comparar la fidelidad de Israel (a quien llama Efraín) con una torta no volteada, algo desagradable al gusto: "Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue torta no volteada", (Oseas 7:8). De igual forma, Jesús aborrecía el comportamiento tibio de los cristianos de la iglesia de Laodicea a tal punto que les dice que los vomitara de su boca: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, (Apocalipsis 3:15-16). En el libro de 1 Samuel encontramos una historia que nos refleja el terrible error de ser un hipócrita que solo finge ser un siervo de Dios pero vive en pecado, así como las terribles condiciones que vienen para los tales y nos exhorta a través de la vida de Samuel que uno puede vivir para Dios aun en medio del mal .

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El pecado de los hijos de Eli

       I.            EL PECADO DE LOS HIJOS DE ELÍ.


En este pasaje encontramos el pecado de los hijos de Elí los cuales eran sacerdotes del Templo, sin embargo, llevaban una vida de pecado que no era oculta a los ojos del mismo pueblo. Veamos en qué consistía su pecado.

1. Eran hombres impíos (en el original hebreo dice: Hijos de Belial) e ignorantes de Dios a pesar que eran sacerdotes.


“Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová”.
1 Samuel 2:12

            Estos hombres eran ignorantes de la palabra de Dios. Muchos pecados hoy en día se cometen por ignorar lo que significa la verdadera santidad del Señor, abusando de su gracia se entregan a toda clase de maldad.

                  2. Profanaban las ofrendas del Templo.


“Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová”.
1 Samuel 2:13-17


                La ley ordenaba que las ofrendas tenían que ser ofrecidas y quemadas delante de Dios, y luego después los sacerdotes podían tomar ciertas del animal sacrificado; sin embargo, estos hombre llegaron a atrevimiento de profanar las ofrendas santas de Dios tomando la carne antes de completar el proceso porque querían comer asado y no cocida a fuego.

                    3. Se acostaban con las doncellas en el Templo.


“Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión”.
1 Samuel 2:22


                 Estos sacerdotes también cometían el terrible pecado de la fornicación y lo hacían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo, y esto era otro grave pecado a los ojos de Dios.

           4. Eran mal ejemplo para el pueblo de Israel en lugar de ser líderes espirituales.


“Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová”.
1 Samuel 2:23-24

            Su mal ejemplo había arrastrado al pueblo al pecado, profanando completamente el ministerio que Dios les había confiado. Hoy en día esto es muy común. Podemos ver hombres o mujeres que aun con sus ministerios se envuelven en toda clase de escándalo, y muchas personas inconstantes se sienten en la libertad también de pecar porque sus líderes también lo hacen. Pero esto es una terrible equivocación.


            II.            EL APARENTE SILENCIO DE DIOS.

              Ahora bien, vemos como su padre los exhorto a abandonar sus pecados porque estaban ofendiendo a Dios y un terrible castigo podía venirles, sin embargo, ellos no escucharon porque Dios ya había propuesto matarlos como parte de su juicio:  Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir. Este juicio efectivamente se da allá en el capitulo 4 donde los dos hijos de Elí mueren, el arca es tomada por los fariseos, Elí también muere por lo fuerte de la noticia y su nuera muere porque le niño  se le viene, Así Dios juzgo a estos perversos: "Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada. Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años. Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por entendida. Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios", (1 Samuel 4:17-22). Lo curioso con esto es el tiempo que transcurrió para que Dios ejecutara su juicio sobre el pecado de estos hombres, porque del capitulo 2 al 4 pareciera que no hay mucho; pero realmente han pasado mas de 30 años ya que para el momento del capitulo 2 Samuel estaba pequeño y comenzaba a ministrar en el templo, suponiendo que tuviera 10 años, Dios tuvo que esperar que Samuel al menos tuviera 40 años para que se hiciera cargo del sacerdocio, y todo esto indica que estos hombres pasaron pecado alrededor de 30 años.

             Lo mas seguro es que a nosotros nos parece demasiado tiempo para que Dios actué en contra del pecado de los hombres y esto podría dar dos tipos de pensamientos. El primero es que al ver que se peca y no pasa nada, el infractor podría confiarse para seguir pecado ya que vio que no le paso nada: "Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal", (Eclesiastés 811). Por otra lado, el justo podría indignarse al ver que los pecadores son prosperados y nunca reciben su castigo y pensar que es en vano santificarse para Dios, tal y como le paso a Asaf: "Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón. En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos", (Salmo 73:1-3). Sin embargo, no debemos desanimarnos ya que Dios en su gran bondad le da tiempo al hombre para que se arrepienta, pero si no lo hace acumula ira para el día del juicio: "¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios", (Romanos 2:4-5). Esto fue lo que les paso a Ofni y Finees, creyeron que podían burlar a Dios y al final, después de muchos años, el castigo por su pecado los alcanzo. Por ello, todos nosotros no debemos abusar de la bondad y paciencia de nuestro Señor, sino vivir santa y piadosamente.
         

    III.            SAMUEL CRECE MANTENIENDO SU INTEGRIDAD EN MEDIO DEL MAL.


“Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres”.
1 Samuel 2:26

            Samuel nos ofrece un hermoso ejemplo de integridad. Aunque era solamente un niño cuando fue llevado al Templo, el creció sirviéndole a Dios con corazón puro y sincero, y a pesar que vio la maldad de los hijos de Elí, jamás se dejó contaminar por el mal, sino que dispuso su corazón para Dios. Muchos llevan una doble vida en el cristianismo y justifican su mal proceder diciendo que otros, o incluso sus líderes lo hacen, pero la verdad es que Dios nos ha llamado a todos a santidad y es nuestra responsabilidad retener nuestra integridad en este mundo de tinieblas.

                   CONCLUSIÓN.

Dios nos ha llamado a santidad y a servirle con un corazón limpio.  Debemos guardarnos aun en medio del mal y como Samuel crecer en gracia delante del Señor y de los hombres para ser recordados como siervos de Dios y no como alguien que en un tiempo fue un servidor pero ahora vive en vergüenza en el pecado. Dios nos exhorta a consagrarnos cada día y esforzarnos en vivir santa y piadosamente:

“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía”.
Apocalipsis 22:11



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