Dones del Espíritu

“En cuanto a los dones espirituales, hermanos, quiero que entiendan bien este asunto... A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás. A unos Dios les da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otros, por el mismo Espíritu, palabra de conocimiento; a otros, fe por medio del mismo Espíritu; a otros, y por ese mismo Espíritu, dones para sanar enfermos; a otros, poderes milagrosos; a otros, profecía; a otros, el discernir espíritus; a otros, el hablar en diversas lenguas; y a otros, el interpretar lenguas. Todo esto lo hace un mismo u único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina”.
1 Corintios 12:1, 7-11 (NVI)

                   En esta sección comenzaremos a estudiar los dones del Espíritu Santo. La palabra don proviene del griego járisma (χάρισμα) el cual usualmente se translitera a carisma y significa regalo, tal y como ya lo hemos visto anteriormente. Los dones del Espíritu Santo son capacidades extraordinarias que el Espíritu de Dios otorga al creyente por gracia para edificación de la iglesia. Es importante no confundir las habilidades con los dones. Existe diferencia entre los dones del Espíritu Santo y las habilidades de los hombres. Un don espiritual es aquel que sólo puede ser ejecutado por una intervención sobrenatural de Dios. Por otro lado una habilidad es una capacidad que también Dios nos ha otorgado, pero no requiere una acción sobrenatural del Espíritu Santo para que opere. Si bien es cierto, dependemos siempre de Dios para que estas operen efectivamente, no obstante estas se desarrollan a través del aprendizaje y la práctica. Ejemplos de habilidades son el tener una buena voz para el canto, o las habilidades para tocar un instrumento musical, o tener dotes de gran orador, o habilidades para ciertas áreas del arte o las ciencias, en fin cualquier otra que si bien es cierto puede verse como un don o regalo de Dios, pero no podemos catalogarlas como dones espirituales. Ahora bien, de acuerdo a la lista de 1 Corintios 12:7-11, los dones del Espíritu Santo son 9, y estos son palabra de ciencia, palabra de sabiduría, don de discernimiento de espíritus, diversidad de lenguas, interpretación de lenguas, profecía, don de fe, sanidades y don de milagros. Estos son repartidos a la iglesia de manera soberana por el Espíritu Santo, como Él lo desea y a quien Él lo desea, de tal forma que cada creyente puede tener al menos un don de estos: “Todo esto lo hace un mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina”, (1 Corintios 12:11, NVI). De acuerdo a su significado etimológico, estos dones constituyen un regalo de Dios hacia la iglesia, de tal forma que en ningún momento se puede ganar por ningún mérito humano ya que, tal y como la salvación, son por gracia y nos convertimos en herederos de todas sus promesas y dadivas desde el momento que nacemos de nuevo. Estos dones han sido dados a los creyentes para el servicio de la iglesia: “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas”,  (1 Pedro 4:10, NVI). Esto significa que el uso de estos dones está limitado a la edificación personal y beneficio del Cuerpo de Cristo. Por otro lado se nos pide la administración fiel de estos dones, esto significa que somos responsables que su uso sea con responsabilidad y lo más efectivo posible. Con respecto a este último punto, no olvidemos que nuestra santidad y consagración a Dios está directamente relacionada con la efectividad al momento de utilizar nuestros dones, y por ello el cuidado espiritual que tengamos de nosotros mismo contribuirá a ese fin.

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Dones del Espíritu

Aparte de todo esto en la Biblia encontramos un versículo que nos sugiere que los dones espirituales una vez dado al creyente como un regalo no se pueden revocar: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”, (Romanos 11:29, RV60). Si los consideramos como la salvación, estos dones no deberían perderse, pero posiblemente se puede atenuar su acción en nuestra vida si nuestra consagración es poca y tenemos una vida carnal: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”, (Efesios 4:30, RV60). Si uno estudia 1 Corintios uno se puede dar cuenta que estos abundaban en dones espirituales a tal punto que Pablo tuvo que regular su manifestación durante sus reuniones (1 Corintios 14); sin embargo, también vemos que estos eran carnales porque había entre ellos celos, contiendas y divisiones, pero a pesar de eso los dones operaban en algunos de ellos. Esto podría ser la razón por la cual algunos cristianos carnales ejercen dones espirituales, y esto aun en la Biblia se observa. Por ejemplo todos recordamos al rebelde Balaam quien aun en su obstinada desobediencia a la voluntad de Dios y su codicia profetizo a favor de Israel: “Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así”, (Números 23:5, RV60). También Saúl estando en plena rebeldía con Dios profetizo en ciertas ocasiones: “Y él también se despojó de sus vestidos, y profetizó igualmente delante de Samuel, y estuvo desnudo todo aquel día y toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profetas?”, (1 Samuel 19:24, RV60). El mismo traidor Judas tuvo manifestaciones del poder del Espíritu Santo sobre él: “Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos… Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban”, (Marcos 6:7,13, RV60). Por tanto, un cristiano carnal podría manifestar el don que se le ha otorgado, pero la voluntad de Dios es que nos limpiemos de toda contaminación y no que terminemos como estos hombres. Los dones del Espíritu Santo se dividen en tres grupos de tres: Los dones de Revelación, los dones de Palabra y los dones de Poder. Veamos en que consiste cada grupo.

Dones de Revelación.


El primer grupo de tres son los dones de revelación, los cuales son palabra de ciencia, palabra de sabiduría y don de discernimiento de espíritus: “Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu… a otro, discernimiento de espíritus...”, (1 Corintios 12:8,10, RV60). A este grupo de dones se le han llamado los ojos de Dios en la iglesia ya que su operación sobrenatural le permite a la iglesia conocer eventos futuros o situaciones que están ocultas a los ojos del ser humano.

Dones de Palabra.


El Segundo grupo de tres son los dones de palabra, los cuales son don de profecía, diversidad de géneros de lenguas e interpretación de lenguas: “… a otro, profecía… a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas…”, (1 Corintios 12:10, RV60). A este grupo de dones se le han llamado la boca de Dios en la iglesia, porque a través de la intervención sobrenatural del Espíritu Santo el Señor emite su voz con un mensaje directo hacia sus santos con el fin de exhortar, consolar o edificar.

Dones de Poder.


Finalmente, el tercer grupo de tres son los dones de poder, los cuales son dones de sanidades, operaciones de milagros y don de fe: “… a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros”, (1 Corintios 12:9-10, RV60). A este grupo de dones se le han llamado las manos de Dios en la iglesia, ya que a través de la acción sobrenatural del Espíritu Santo el Señor se realiza señales y portentos dentro de su iglesia como si fuera el mismo Dios que estuviera allí.



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