El Mensaje a la Iglesia de Sardis




“Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.  Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.
Apocalipsis 3:1-6

                
Sardis
Antiguas ruinas de Sardis

                 
                  Sardis fue una de las ciudades más poderosas del mundo antiguo. Hasta el año 549 a.C. fue la capital del reino de Lidia. Sardis estaba estratégicamente ubicada de modo que sus habitantes se sentían seguros, considerando la ciudad inexpugnable al ataque de ejércitos enemigos. Sardis estaba en medio de la llanura del valle del río Hermo. Al Norte de esa llanura se erguía la gran sierra del Monte Tmolo, de la que salían, a manera de espolones, una serie de colinas cada una de las cuales formaba una estrecha meseta. En uno de esos espolones, unos quinientos metros monte arriba, estaba la Sardis original. Está claro que su posición la hacía casi inexpugnable. Los lados del espolón eran suaves precipicios; y solamente donde se encontraban con la cordillera del Monte Tmolo había una cierta posibilidad de acceder a Sardis, y hasta ese camino era duro y empinado. Se ha dicho que Sardis permanecía como una atalaya gigantesca vigilando el valle del Hermo. Llegó un tiempo en que el estrecho espacio en la cumbre de la meseta era demasiado pequeño para la expansión de la ciudad; y Sardis creció alrededor del pie del espolón sobre el que estaba la ciudadela. El nombre Sardis deriva del griego el cual es en realidad un plural, porque se trataba de dos pueblos: uno en la meseta y otro abajo en el valle. Sardis llego a ser famosa por su riqueza material allá por mediados del siglo VI a.C. y bajo el liderazgo del rey Croeso y fue la primera ciudad en producir monedas de oro y plata. 



Monte-Tmolo
Monte Tmolo

               Fue por sus riquezas que Ciro, rey de los medos y persas, quería conquistarla; pero esto parecía imposible, pues se encontraba al lado de una montaña y la rodeaban inmensos acantilados que eran muros de más de 455 metros de altura. En la cumbre de los acantilados había una fortaleza que era la entrada a la ciudad. Ciro ofreció una gran recompensa para cualquiera que pudiera llegar a esta fortaleza. Un día unos de sus soldados vieron un casco rodando desde el fuerte hacia abajo de la montaña, y vio a un guardia enemigo bajando por un sendero secreto para alcanzar el casco. Esa misma noche el soldado llevó a un grupo de hombres por el sendero secreto hasta la fortaleza. Subieron el muro y abrieron las puertas, allí todos se encontraban durmiendo y ninguno vigilaba. Los persas conquistaron la ciudad esa misma noche. Se dice que Ciro tomó varios millones del tesoro de Sardis en el año 548 a.C., luego fue destruida por los jónicos en el año 501 a.C. y posteriormente conquistada por Alejandro Magno en el año 334 a.C. Después de todo esto, Sardis no volvió a ser la misma, aunque todavía conservaba su antigua fama. En esta ocasión Jesús se presenta como El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas como una referencia a la plenitud del Espíritu Santo y al control que ejerce sobre sus iglesias. En este caso el Señor no hace ningún elogio, sino que solo la reprende.

El Problema.


“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”.
Apocalipsis 3:1

El problema tiene tres aspectos. En primer lugar, La iglesia de Sardis estaba espiritualmente muerta. Posiblemente los habitantes de Sardis vivían de la gloria pasada, en los tiempos de Ciro era una ciudad rica y poderosa, pero en tiempos de los romanos solo le había quedado su fama. De igual manera los creyentes de Sardis vivían en el pasado, su antigua gloria los había abandonado y actualmente estaban espiritualmente muertos. Pensaban que la iglesia aún era lo que había sido en el pasado, pero al igual que Sansón, no sabían que la presencia del Señor se había apartado (Jueces 16:20). El coro seguía cantando, pero la unción se había ido. Las personas seguían adorando, pero con palabras vacías que no salían del corazón. Los pastores ya no lloraban por los perdidos. Los creyentes ya no daban ofrendas. Oraban, pero no el tiempo suficiente para agradar a Dios. Espiritualmente la iglesia se había convertido en un verdadero cementerio. En segundo lugar, sus obras no eran perfectas. Posiblemente su frialdad espiritual los llevo a tener obras imperfectas delante de Dios, carentes de amor, no eran generadas por una fe genuina y por tal motivo Dios reprobó sus obras. Finalmente, estaban caminando con vestiduras sucias: Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. Esto nos dice que la mayoría de creyentes en Sardis estaban contaminados por el pecado y llevaban una doble vida lo cual desagradaba en gran manera a Jesús. Desde el principio Satanás ha buscado la forma de ensuciar al pueblo de Dios a través del pecado. Por ejemplo, logro seducir a la descendencia de Set por medio de las hijas de Caín con el fin de contaminarlos con el pecado: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas”, (Génesis 6:1-2). También ensucio la vida de los israelitas con las hijas de Moab provocando una gran mortandad por causa de su pecado: “Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel”, (Números 25:1-3). Y en tiempos cuando los judíos volvían a su tierra amada después de 70 años de exilio, el pueblo se encontraba contaminados con el pecado, e incluso el sumo sacerdote Josué, el líder espiritual de la nación se encontraba en esta lamentable condición: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.  Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?  Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel”, (Zacarias 3:1-3). Y ahora nuestro Señor amonesta a esta iglesia donde la mayoría de creyentes se encontraban contaminados por el pecado, y como Josué sus vestiduras estaban sucias. Obviamente el pecado había manchado sus vestiduras y los había conducido a una muerte espiritual, por ello la Biblia nos exhorta a morir a los deseos de nuestra carne y andar en el Espíritu: “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”, (Romanos 8:13).


El remanente fiel.


“Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas”.
Apocalipsis 3:4


Si bien es cierto, esta iglesia es reprendida por su mundanalidad, que bueno es saber que en medio de esta congregación que es reprendida existían unas pocas personas que no se habían contaminado por el pecado: Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. A lo largo del tiempo el pueblo de Dios ha luchado con mantenerse fiel a Él; pero muchas veces ha fallado, no obstante, aun en medio de la mayoría de infieles, el Señor ha tenido su remanente fiel. Por ejemplo, en tiempo de los primeros patriarcas ya vimos como los descendientes de Set se contaminaron espiritualmente con las hijas de Caín, pero en medio de esa perversión, Noé hayo gracias: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”, (Génesis 6:5-8). En tiempos del éxodo, los israelitas se contaminaron espiritualmente con las hijas de las moabitas lo cual despertó la ira de Dios quien trajo una terrible mortandad sobre Israel, pero Finees el nieto de Aarón fue fiel y celoso de Dios: “Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel… Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo una madianita a sus hermanos, a ojos de Moisés y de toda la congregación de los hijos de Israel, mientras lloraban ellos a la puerta del tabernáculo de reunión. Y lo vio Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, y se levantó de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano; y fue tras el varón de Israel a la tienda, y los alanceó a ambos, al varón de Israel, y a la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de Israel. Y murieron de aquella mortandad veinticuatro mil. Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho apartar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celo entre ellos; por lo cual yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel.”, (Números 25:1-3, 6-11). En tiempos de los jueces de Israel los hijos del sacerdote Elí eran corruptos y pecaban contra Dios, pero Samuel ministraba delante de Dios con fidelidad y creció en integridad en medio del mal: “Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; más si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir. Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres”, (1 Samuel 2:23-26). En tiempos del rey Acab y Jezabel, Israel estaba inmerso en una gran idolatría a tal punto que Elías creía que era el único que había quedado de sus profetas, pero Dios le dijo que no era así porque aún quedaba un remanente fiel: “El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. Y le dijo Jehová: Vé, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron”, (1 Reyes 19:14-18). En tiempos del regreso de Israel a su nación después de 70 años de exilio, el pueblo vivía en muchos pecados y en Malaquías se puede ver como el Señor los reprende por sus faltas y haber abandonado su amor por Él, pero aun en medio de este ambiente de pobreza espiritual Dios levanto hombres que le sirvieron con fidelidad como Zorobabel, Malaquías, Hageo, Zacarías, Esdras y Nehemías. Aun en tiempos del oscurantismo de la edad media donde el pueblo vivía en una terrible ignorancia de la palabra de Dios, idolatría y supersticiones que la iglesia católica había introducido, se levantaron hombres como los valdenses y albigenses que se mantuvieron fieles a Dios. Y ahora aquí, al considerar los pecados de esta iglesia en Sardis, cuyos miembros habían ensuciado sus vestiduras blancas con la inmundicia del mundo, Jesús dice que había unos pocos que se mantenían fieles  a los cuales Dios promete honrar. Dios es claro al decirnos que vale la pena mantenernos fieles a pesar del ambiente que nos rodee, aunque la inmensa mayoría se contamine con la inmundicia de este mundo y muchos piensen que no vale la pena mantenerse en santidad delante de Dios, nuestro esfuerzo no será en vano porque seremos recompensados: “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”, (Malaquías 3:16-18). Por tanto, esforcémonos por ser siempre de ese remanente fiel que se mantiene para Dios.

La solución.

“Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir… Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.”.
Apocalipsis 3:2-3

                En cuanto a la amonestación el Señor los exhorta a que despierten de su anestesia espiritual y que continúen vigilando. Posiblemente esta exhortación a ser vigilantes tiene una connotación histórica con lo que le paso a la ciudad cuando los persas los conquistaron. Además, tenían que afirmar las otras cosas buenas que todavía estaban bien antes de que también estas murieran. En otras palabras, Jesús exhortaba a la iglesia de Sardis a que se arrepintieran de su pecado. El pecado fue apoderándose de ellos poco a poco hasta que llego a matar su fe y amor por Dios contaminando así sus vestiduras de santidad. A través del conocimiento de la palabra de Dios podemos llegar a discernir entre lo bueno y lo malo, y hay una conciencia que nos acusa por medio de la cual podemos saber si algo está bueno o malo, por ello la Biblia dice que, si nuestro corazón no nos reprende, tenemos la confianza en Dios para hacer cualquier cosa: “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios", (1 Juan 3:21); sin embargo, cuando hacemos caso omiso y persistimos en nuestra conducta errónea, el pecado puede llegar a esclavizarnos. Jesús les dijo: Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, los creyentes de Sardis no necesitaban aprender algo nuevo porque ya habían oído todo lo que tenían que saber, de igual manera nosotros tenemos la palabra de Dios la cual nos edifica y fortalece para no caer en las manos del pecado. Por ello el Señor llama a la iglesia a velar, ya que de lo contrario seremos vencidos por las tentaciones que nos rodean: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos”, (1 Corintios 16:13). El cristiano debe estar siempre en guardia en contra del pecado, ya que si nos descuidamos caeremos en la tentación. Jesús les dijo a sus discípulos que para no ceder a la tentación era necesario velar y orar, ya que solo así nuestra naturaleza pecaminosa no tomara control de nuestra vida: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”, (Mateo 26:44). El Nuevo Testamento exhorta al cristiano a estar en guardia esperando la llegada del Señor, y la forma de velar es estando siempre atentos, no ignorando las artimañas del diablo, perfeccionando cada día nuestra santidad, edificándonos con la palabra del Señor y orando en todo momento, ya que de lo contrario el Señor dice: Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Por tanto, no debemos bajar la guardia y permitir que el pecado entre silenciosamente en nuestras vidas, no debemos olvidar lo astuto que es el enemigo de nuestras almas, sino debemos velar, ser sobrios y orar cada día, tal y como Pedro lo dice: “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración”, (1 Pedro 4:7). Hoy en día muchos cristianos hemos descuidado practicar este principio espiritual, y muchos como los creyentes de Sardis sin darse cuenta han contaminado sus vestiduras blancas simpatizando con el pecado y creyendo que se puede tener amistad con Dios y con el mundo a la vez ignorando las palabras de Santiago: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: ¿El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”, (Santiago 4:4-10). Vemos que Santiago es claro al decirle a los pecadores que se limpien, y a los de doble animo que se purifique ya que no es tiempo de vivir una falsa fe, sino comprometernos realmente con Dios, buscar agradarle en todo porque de lo contrario un día nuestro Señor vendrá y que triste seria que nos encontrara en pecado, tal y como lo dice Jesús en una de sus parábolas:

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”.

Mateo 24:42-46

La promesa.

“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”.
Apocalipsis 3:5

A los que hayan sido fieles se les hace una triple promesa.  Primero, serán vestidos con ropas blancas, pero ¿qué significan las vestiduras blancas? En cuanto a esto se han dado las siguientes sugerencias:

1.       En el mundo antiguo representaban la alegría de las fiestas. “Que en todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca te falte perfume en la cabeza” (Eclesiastés 9:8). La ropa blanca puede que represente el hecho de que los fieles serán huéspedes en el banquete de Dios.
2.       En el mundo antiguo las vestiduras blancas representaban la victoria. Cuando se celebraba un triunfo romano, todos los ciudadanos se vestían de blanco; la ciudad misma se decía que era urbs candida, que estaba de blanco. Las vestiduras blancas puede que representen la recompensa de los que hayan obtenido la victoria.
3.       En cualquier país y época el blanco es el color de la pureza, y según esto las vestiduras blancas puede que representen la pureza cuya recompensa es ver a Dios. “Bienaventurados los puros de corazón, porque serán los que vean a Dios”. (Mateo 5:8).
4.       Se ha sugerido que las vestiduras blancas representan los cuerpos de la resurrección que tendrán algún día los fieles. Los que hayan sido fieles participarán de la blancura de la luz que es la túnica de Dios mismo. “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”, (1 Corintios 15:52).


En segundo lugar, el Señor afirma que sus nombres no serán borrados del Libro de la Vida. El Libro de la Vida es una concepción que se encuentra a menudo en la Biblia. Por ejemplo, Moisés estaba dispuesto a que su nombre fuera borrado del libro que Dios había escrito si su sacrificio pudiera salvar a su pueblo de las consecuencias de su pecado: “Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro”, (Éxodo 32:31-33). En los antiguos tiempos las ciudades acostumbraban tener un libro donde registraban los nombres de todos sus habitantes. El salmista esperaba que los malvados fueran borrados del libro de los vivientes: “Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos entre los justos”, (Salmo 69:28). Cuando llegue el juicio del gran trono blanco, los que estén escritos en el Libro de la vida serán librados de la ira de Dios: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”, (Daniel 12:1). Pablo decía que los nombres de sus colaboradores estaban escritos por Dios en el Libro de la Vida: “Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida”, (Filipenses 4:3). En Apocalipsis se hace referencia 5 veces al Libro de la Vida (Apocalipsis 3:5; 13:8; 17:8; 20:12, 15) y en una ocasión en Apocalipsis se le llama el Libro de la Vida del Cordero (Apocalipsis 21:27). Cada persona que tiene a Jesús tiene la vida eterna: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”, (1 Juan 5:12) y su nombre es inscrito en este libro, todos aquellos que no se encuentren inscritos en el Libro de la Vida serán arrojados al lago de fuego (Apocalipsis 20:15). La promesa de Cristo es enfática la decir: y no borraré su nombre del libro de la vida. Muchos ven aquí la posibilidad de que una vez escrito el nombre de una persona pueda ser borrado de este libro si pecamos en contra de Dios. Sin embargo, hay muchos pasajes bíblicos que nos enseñan acerca de la seguridad de la salvación (Juan 5:24; 10:27-29; Romanos 8:1; Filipenses 1:6, etc.). Por tanto, la promesa es firme para aquellos que a dado vida eterna y han sido regenerados por el Espíritu Santo para no vivir en inmundicia sino en santidad; para ellos la promesa es que sus nombres jamás serán borrados del libro de la vida. Finalmente, Jesucristo confesará sus nombres ante su Padre y sus ángeles: ... y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles, esta es una gran promesa que debe llenarnos de orgullo, ya que muchos hoy en día se sienten alagado que algún hombre importante de esta tierra mencione su nombre en medio de sus conocidos, pero cuanto más glorioso será escuchar que Jesús mencione nuestro nombre: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”, (Mateo 10:32-33).




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About Walter Cuadra

1 Comments:

  1. Buen mensaje. Se agradece el mensaje y la referencia a la ´parábola del siervo vigilante. Saludos.

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