El lamento que trae justificación (Jueces 2:1-5)

“El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero. Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró.  Y llamaron el nombre de aquel lugar
Boquim, y ofrecieron allí sacrificios a Jehová”.
Jueces 2:1-5

INTRODUCCIÓN


            Las lágrimas no convencieron al Juez, fueron las palabras de un prestigioso periódico de Nicaragua al exponer el caso del joven Carlos Ramón Rugama Gradyz condenado a prisión por el ataque y robo violento en perjuicio de Heylín Lilieth Ramírez   Madariaga. El joven llorando expresaba su inocencia, pero ante la presencia de muchos testigos y la evidencia que lo incriminaba fue condenado por sus delitos. Al final, sus lágrimas no convencieron al Juez.

            Cuantas personas son como este joven que al verse enfrentando las consecuencias de sus delitos irrumpen en llanto tratando de ocultar sus faltas. Cuantas personas llorando piden perdón por los daños ocasionados, pero eso solo dura un momento, ya que después vuelven a cometer las mismas faltas.

            Este es un lamento mentiroso, ocasionado solo por la premura de las situaciones que no trae un verdadero cambio en las personas. En la Biblia encontramos estos mismos casos donde al ser reprendidos por sus pecado y enfrentar el juicio por sus maldades derramaron lagrimas, pero no de arrepentimiento.

lamento-justificacion
El lamento que trae justificación

I.                   EL LAMENTO QUE NO TRAE JUSTIFICACIÓN.

            
            En primer lugar vemos como Israel irrumpió en llanto al escuchar las duras palabras del ángel y tan grande fue su llanto que llamaron a aquel lugar Boaquim que significa los que lloran. Lamentablemente su llanto fue vano porque nunca fue acompañado de un verdadero arrepentimiento por sus maldades, esto lo podemos ver en la historia de esto pueblo a lo largo del libro de Jueces donde el pueblo pecaba, Dios levantaba una nación que los oprimía para castigarlos, Israel clamaba a Dios por ayuda, Dios levantaba un Juez que los liberaba, mientras vivía el juez Israel era fiel, pero al morir el juez Israel volvía al pecado y el ciclo se repetía.

            El mismo libro de Jueces termina con una declaración que describía la condición espiritual de Israel:

“En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”.
Jueces 21:25

            En la Biblia encontramos a personas que en determinado momento lamentaron sus pecados y hasta los confesaron, pero como no se arrepintieron de ellos no alcanzaron la misericordia de Dios:

            Por ejemplo tenemos el caso de Faraón:

“Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos. Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y no os detendréis más”.
Éxodo 9:27-28
            También tenemos a Balaam:

“Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré”.
Números 22:34
            Incluso hasta Judas acepto que había pecado:

“Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó”.
Mateo 27:3-5

            Sin embargo, todos estos no se salvaron, sino que perecieron en su pecado. Cuantas personas son como estas. Muchos solo claman por ayuda a Dios cuando se ven en dificultados esperando recibir un favor divino, pero cuando lo obtienen se alejan de Dios para volver a su pecado. La Biblia nos advierte de las consecuencias de no apartarnos de nuestros pecados:
“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”
Proverbios 28:13
            Por tanto, no solo basta llorar y confesar por nuestros pecados, es necesario apartarse de ellos también. El rey David nos muestra un verdadero ejemplo del lamento que trae la misericordia de Dios.

II.                EL LAMENTO QUE TRAE JUSTIFICACIÓN.


            En el Salmo 51 encontramos un buen modelo de oración donde David lloraba por su pecado (cuando se llegó a Betsabé). En esta podemos ver los siguientes ingredientes:

1.       El verdadero lamento reconoce que su perdón no está en función de sus méritos sino en la misericordia de Dios: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado”, (Salmo 51:1-2).
2.       El verdadero lamento reconoce su maldad: “Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, (Salmo 51:3-5).
3.       El verdadero lamento reconoce la santidad de Dios y la importancia de vivir en ella: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”, (Salmo 51:6).
4.       El verdadero lamento pide que se limpie de su pecado: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades”, (Salmo 51:7-9).
5.       El verdadero lamento anhela no volver a su pecado: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente”, (Salmo 51:10-12).
6.      El verdadero lamento da frutos de arrepentimiento: “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; cantará mi lengua tu justicia”, (Salmo 51:13-14).


            CONCLUSIÓN.


               La oración de David es un buen ejemplo del lamento que trae justificación a nuestra vida. El arrepentimiento de nuestros pecados es clave para alcanzar la salvación de nuestra alma, sin ello, cualquier lamento o lloro será en vano.
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