La Iglesia: El Cuerpo de Cristo



“Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero todos los miembros no tienen la misma función; así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros.  De manera que tenemos dones que varían según la gracia que nos ha sido concedida: Si es de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; si es de servicio, en servir; el que enseña, úselo en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que comparte, con liberalidad; el que preside, con diligencia; y el que hace misericordia, con alegría”.
Romanos 12:4-8 (RVA)


               Hasta aquí queda claro que Dios nos ha otorgado diferentes habilidades y dones espirituales según nuestra capacidad, para provecho de la Iglesia y su obra. También sabemos que seremos evaluados en el Tribunal de Cristo acerca de la forma de cómo los utilizamos y podemos recibir recompensa o ser avergonzados. Ahora es importante entender que todos formamos parte del cuerpo de Cristo y como tal desempeñamos un papel relevante y complementario en la iglesia. Pablo compara a los cristianos con los miembros del cuerpo humano.  Cada miembro del cuerpo humano juega un papel sumamente significativo en la manera que experimentamos el mundo, y nuestra percepción de la vida y la realidad que nos rodea. Hay muchos miembros y cada uno realiza una función diferente, pero todos son necesarios para la salud del cuerpo. Al igual que el cuerpo humano es una unidad con muchos miembros y cada uno tiene su propia función, de este mismo modo es el cuerpo de Cristo. La iglesia es un cuerpo unificado bajo el liderazgo de Cristo, sin embargo, no todos los miembros tienen la misma función. Pablo hace resaltar la unidad dentro de la diversidad: “Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”, (1 Corintios 12:12-13, RV60). De esta forma la iglesia pasa de ser una organización a un organismo vivo donde Jesús es su cabeza, tal y como lo declara Colosenses; “y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia”, (Colosenses 1:18). Veamos ahora las características del cuerpo de Cristo.

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El cuerpo de Cristo


La unidad de los miembros del Cuerpo de Cristo.


“… por eso, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo”.
1 Corintios 10:17(NVI)

La primera característica del cuerpo de Cristo es que aunque somos muchos creyentes, de diferentes denominaciones, países, lenguas y funciones, todos formamos una sola unidad de fe. Pareciera contradictorio el pensar que pudiésemos encontrar unidad en medio de la diversidad, ya que en el mundo se cree que la unidad viene de ser todos iguales pero lo cierto es que cada miembro en la iglesia con diferentes dones y habilidades es diferente de sus demás consiervos, pero lo cierto es que hay un mismo Señor, Espíritu, una misma fe y un mismo bautismo que nos une: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”, (Efesios 44:3-6).

La diversidad de funciones de los miembros del Cuerpo de Cristo.


“Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero todos los miembros no tienen la misma función…”
Romanos 12:4 (RVA)

En el cuerpo humano encontramos una diversidad de miembros y órganos que son diferentes entre sí pero necesarios los unos a los otros. Así el corazón es diferentes a lo pulmones, y estos diferentes al hígado, y esto diferente al páncreas, y este a su vez diferente al intestino, y así cada uno de ellos difiere a los demás en funciones. Así en la iglesia podremos encontrar una diversidad de miembros que difieren los unos de los otros de sus dones y ministerios, pero cada uno con una labor vital para el buen desempeño de todo el cuerpo.

La importancia de cada uno de los miembros del Cuerpo de Cristo.


 “Más ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No re necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los uno por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”. 
1 Corintios 12:18-26 (RV60)

En el cuerpo humano no existe un miembro que nosotros pudiésemos decir que es inútil y por tanto prescindir de él, al contrario, cada uno de ellos por muy insignificante que parezca realiza una función importante para el correcto balance de nuestra vida. De igual manera es con cada miembro del cuerpo de Cristo, cada uno sin importar la función que realiza es importante para el éxito de la obra de Dios. Tanto los predicadores, como los generosos que ofrendan, como lo que interceden, como los que preparan y asean el templo, como los que invitan y llevan a la gente al culto, todos sin excepción son de gran importancia para el avance de la obra de Dios en esta tierra.

La complementariedad de los miembros del Cuerpo de Cristo.


 “Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo; ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?”.
1 Corintios 12:14-17 (RV60)

En general, todos y cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo se complementan entre sí. Nadie puede prescindir de nadie, todos son importantes y se complementan entre sí. La clave para el buen funcionamiento de la iglesia es que todos sus miembros con diferentes dones y ministerios se unan y contribuyan en cada una de sus áreas al éxito de la obra de Dios en esta tierra.

Nuestra función en el Cuerpo de Cristo.



Una vez que comprendemos como cada don y habilidad de los miembros del Cuerpo de Cristo se complementan unos con otros y sabemos la importancia de que todos los miembros de la iglesia se involucren en la obra del Señor con el fin que los resultados se den de manera más fácil y efectiva, es responsabilidad de cada cristiano descubrir cuál es el área donde puede poner en práctica los dones que ha recibido. El apóstol Pablo nos enseña cómo pueden existir diversidad de dones, ministerios y áreas dentro de la iglesia en las que podemos trabajar: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”, (1 Corintios 12:4-7, RV60). Para poder encontrar el área de la iglesia en donde podemos servir es importante entenderlas y en primer lugar, se nos dice que existe diversidad de dones, diversidad de ministerios y diversidad de operaciones. También este pasaje nos enseña como la Trinidad divina actúa en la repartición de estos, por ejemplo, el Espíritu Santo es quien reparte los dones: hay diversidad de dones, palabra que viene del griego járisma (χάρισμα) el cual usualmente se translitera a carisma, y se define como aquellas capacitaciones especiales que se reparten de manera gratuita a los creyentes para el servicio de Dios y su pueblo: “Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”, (1 Corintios 12:8-11, RV60). También hay  diversidad de ministerios  y es Cristo Jesús quien los reparte: “Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones… Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros”, (Efesios 4:7, 11, NVI). La palabra ministerio proviene del griego diakonía (διακονία) que es servicio, y se define como las diferentes formas de servir utilizando los dones que se le han otorgado en cincos áreas primarias: Apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro.  Finalmente tenemos las operaciones: Y hay diversidad de operaciones, las cuales Dios Padre reparte. La palabra operaciones proviene del griego energema (ἐνέργημα), de donde proviene la raíz de la palabra energía y literalmente significa el poder de hacer algo. Esta palabra se puede traducir como operación, actividad, función o trabajo a realizar y en general se refiere a todas aquellas funciones o actividades que los cristianos pueden realizar dentro del trabajo de su obra divina, y estas son dadas por nuestro Padre celestial: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno… De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”, (Romanos 12:3, 6-8, RV60). Por tanto, ningún cristiano puede decir que no existe un área dentro de la iglesia donde pueda servir, ningún nacido de nuevo puede decir que no ha recibido algún don espiritual o de operación, o incluso ministerio, porque como parte del cuerpo de Cristo somos un miembro útil, y es nuestra responsabilidad encontrarlo.

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