El Gran Conquistador (Hebreos 2:14-15)


“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,  y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”.
Hebreos 2:14-15

INTRODUCCIÓN

            
               A lo largo de la historia resuenan los nombres de grandes conquistadores que extendieron sus reinos, establecieron ingeniosas estrategias y realizaron grandes hazañas que hasta hoy maravillan a aquellos que tienen la oportunidad de conocerlos. Conquistadores como Genghis Khan, Ciro II el Grande, Alejandro Magno, Julio César, Atila, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Napoleón Bonaparte, Ramsés II y Adolf Hitler figuran en una interminable lista y de igual manera en la Biblia podemos encontrar fantásticas historias de hombres que conquistaron grandes reinos con la ayuda de Dios, hombres como Josué, los jueces de Israel, los reyes de Israel  forman parte de los grandes conquistadores.

            Estos enfrentaron poderosos ejércitos y grandes enemigos, sin embargo, hubo un enemigo que no pudieron derrotar, la muerte.    
victoria-Cristo
La victoria en Cristo

                               I.            UN ENEMIGO ANCESTRAL.


La muerte es uno de los enemigos ancestrales que la humanidad ha enfrentado sin poderla derrotar. De hecho historias acerca de Juan Ponce de León, hombre de 40 años de edad que invirtió sus últimos 8 años buscando la fuente de la eterna juventud sin ningún éxito, o el intento del hombre que evadir la vejez a través de cirugías, medicamentos, dietas y tratamientos de rejuvenecimiento nos hablan del anhelo del hombre de querer vencer la muerte.

            En los Estados Unidos ya existen compañías, como la Alcor, que se dedica a la criopreservación de cuerpos o cabezas humanas por las que han pagado sus dueños o familiares, optando por la conservación de la base biológica, para luego, en tiempos donde el conocimiento científico haya avanzado, los encargados de estas compañías los hagan "volver a la vida" por métodos mecánicos o cibernéticos.

            No obstante, todos sabemos que los intentos del hombre por escapar de la muerte son inútiles ya que la muerte es algo inevitable para el ser humano sin importar su estatus social o nacionalidad:

“Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido”.
Eclesiastés 9:5

            Pero, ¿por qué el hombre está sujeto a la muerte?

                            II.            EL ORIGEN DE LA MUERTE.


“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.
Romanos 5:12

            La muerte es consecuencia del pecado y este entro al mundo debido al fracaso del primer hombre en el hurto del Edén, Adán. Dios le advirtió a Adán no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, ya que el día que lo hiciera moriría, lamentablemente no obedeció y como consecuencia toda su descendencia acarrea la maldición del pecado.

            Satanás gano la batalla cuando Adán peco y estableció el imperio de la muerte, sin embargo, Dios ha estado interviniendo desde entonces en la vida de los humanos para librarlos del reino de la muerte y condenación, y Pablo encuentra gran gozo al expresar como Cristo ha conquistado a este inexorable enemigo.

                         III.            LA VICTORIA DE CRISTO SOBRE EL IMPERIO DE LA MUERTE.


“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
1 Corintios 15:54-57

            En primer lugar Pablo expresaba con gran júbilo la victoria final de todo cristiano: Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad.  Es decir, la transformación de nuestro cuerpo mortal e imperfecto en un glorioso y perfecto cuerpo inmortal lo cual es posible porque la muerte ha sido vencida por Cristo: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

            Para poder vencer, Cristo vino a esta tierra en forma de hombre y fue tentado en todo, atravesó por grandes pruebas, nos enseñó cómo vivir para Dios y finalmente enfrento el martirio de la cruz hasta la muerte, sin embargo, su victoria se consumó cuando resucito al tercer día de entre los muertos:

“No temas; yo soy el primero y el último;  y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”.
Apocalipsis 1:17-18

Es Cristo el único que ha podido vencer a Satanás y su imperio de la muerte, y por medio de Él, nosotros también podemos vencer a este inexorable enemigo:

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.
Juan 11:24

Sin Cristo solo nos espera la muerte y la condenación eterna:

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.
Hebreos 9:27
            Pero es a través de Jesús que podemos escapar de este destino terrible de condenación, solo Cristo puede otorgarnos el don de la vida eterna, lo único que necesitamos es creer en Él.

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.
Juan 5:24

            CONCLUSIÓN         


Cuando Cristo viene a nuestra vida se convierte en nuestro Conquistador y ya no tenemos por qué temerle a la muerta a tal punto que podemos decir:

“ … Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya”.
Números 23:10


            Pero para ello es necesario rendirnos al señorío de Cristo.


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