El Mensaje a la Iglesia de Laodisea




“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.
Apocalipsis 3:14-22


              La ciudad de Laodicea fue fundada por Antíoco II (261-246 a.C.) y nombrada así en honor a su esposa. Estaba situada en el valle del río Lico a 80 km al sureste de Filadelfia, cerca de Colosa y Hierápolis, y a 192 km al sureste de Esmirna. Dos rutas comerciales convergían, una comenzaba en Éfeso, junto al mar y la otra comenzaba en Pérgamo, la capital de la provincia romana. Hoy Laodicea es la moderna ciudad de Eski-Hissar. La ciudad era bien conocida por su comercio especialmente porque allí se hilaba y se vendía una prenda muy famosa llamada túnica. La ciudad llegó a ser poseedora de ricos pastos para la crianza de ovejas que producían lana negra, suave y brillante. Además, era famosa por su producción de un ungüento con propiedades para curar enfermedades de los oídos y un colirio para las enfermedades de los ojos. La riqueza de Laodicea llego a tal punto que capaz de soportar el costo de reedificar la ciudad después de ser destruida por un terremoto sin tener la necesidad de recibir ayuda del imperio romano. Sin embargo, la ciudad tenía un pequeño inconveniente y es que no tenía fuentes de agua potable. La posición de la ciudad estaba basada en sus rutas comerciales y no en sus fuentes de agua, por lo que a esta agua se transportaba desde unas fuentes termales calientes que estaban a unos 9.7 km hacia el sur de la ciudad. Esta agua fluía a través de unas piedras en forma de “V” llamadas acueductos las cuales eran sostenidas por arcos de piedra que las mantenían por encima del nivel del suelo. Debido a que el suministro del vital líquido provenía de aguas termales, el agua era caliente en su vertiente, pero cuando llegaba a Laodicea estaba tibia. En esta carta el Señor se presenta de la siguiente forma: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios. En su presentación Jesucristo realiza tres afirmaciones respecto a su persona:  


1.       Él es el Amén ya que es firme en su propósito y promesas: “porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”, (2 Corintios 1:20).
2.       Él es testigo fiel ya que en su persona no hay mentira y su testimonio es verdadero, y como Juan dice, tres son los que dan testimonio de Él, Juan el bautista, Dios el Padre y las Sagradas Escrituras: “Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; más digo esto, para que vosotros seáis salvos. Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.  También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo”, (Juan 5:31-41).
3.       Él es el principio de la creación. Esto no quiere decir que Jesucristo es el primer ser creado, sino más bien es el principio de toda da creación ya que por El fueron creadas y suya es la autoridad sobre estas: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia”, (Colosenses 1:15- 18).


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Ruinas del Templo en Laodicea

Ni frio ni caliente.


“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.
Apocalipsis 3:15-16

Al igual que la iglesia de Sardis, el Señor no tiene ningún elogio para esta iglesia. Antes de la conversión una persona es fría ya que es incapaz de agradar a Dios, pero cuando esta se arrepiente de sus pecados, el Espíritu Santo opera en él el milagro del nuevo nacimiento convirtiéndose en hijo de Dios: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”, (Juan 1:12). Con esto Dios crea una nueva naturaleza la cual debe imponerse sobre la naturaleza pecaminoso y por ello Pablo exhortaba a los creyentes a abandonar la antigua vida y revestir la nueva: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”, (Colosenses 3:5-10). De esta forma se espera que todo creyente sea caliente y no frió, viviendo en el Espíritu y no en los deseos de su carne: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”, (Gálatas 5:16-17). No obstante, si el creyente descuida su vida espiritual y tolera el pecado en su vida se convierte en una persona tibia, algo que el Señor desaprueba totalmente: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! A lo mejor la riqueza de la ciudad había acomodado a los creyentes de Laodicea y entre tanta prosperidad el pecado había entrado sutilmente en ellos sin darse cuenta la calamidad en la que estaban, pensando que eran ricos y era una iglesia que no necesitaba de otros, espiritualmente eran pobres y miserables: Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Sus vidas se habían vuelto tibias, como el agua que llegaba a su ciudad la cual si se bebía inmediatamente provocaba nauseas, y por esto Jesús les dice: ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Como la iglesia de Sardis el pecado había contaminado a los creyentes de Laodicea y esto era muy desagradable para el Señor y por ello no tenía nada que elogiarle a esta iglesia.

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Antiguos acueductos de Laodicea

La advertencia y llamado al arrepentimiento.


“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.
Apocalipsis 3:18-20

Esta iglesia creía que era rica para con Dios porque no tenían necesidad de nada material, pero la prosperidad material no necesariamente es señal de la bendición de Dios, por ello les aconseja a invertir en el reino de los cielos: Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Laodicea era rica en oro, pero Jesucristo los exhorta a comprar mejor oro refinado en fuego, el cual es una referencia para amar y desear las cosas espirituales: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”, (Colosenses 3:1-2). Como cristianos debemos anhelar fervientemente los tesoros del reino de Dios, nuestra preciosa salvación, nuestra santidad, los dones del Espíritu Santo, los frutos del Espíritu Santo, nuestro ministerio, la vida de lectura bíblica y oración, y en general, todo aquello que nos permita vivir para Dios, estos son los tesoros que debemos apreciar y cuidar: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”, (Mateo 6:19-21). Ahora bien, estos tesoros no son tan fáciles de acumular, porque hay un precio que hay que pagar, y por eso Jesús le dice a esta iglesia que deben buscar el oro que es refinado con el fuego. El fuego figura aquí como un purificador, un purificador que a su vez alude a las pruebas que los creyentes atravesamos y que tienen como fin perfeccionar nuestra preciosa fe: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”, (1 Pedro 1:6-8). En el evangelio no hay atajos hacia la bendición y dones de Dios, es necesario renunciar al mundo y sus deseos, aunque esto implique ganar su desfavor y negar nuestra naturaleza pecaminosa, es necesario morir a nuestro orgullo para vivir para Dios: “De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”, (Juan 12:24-26). También el Señor les recomienda vestirse con vestiduras blancas, las cuales son una exhortación para purificar sus almas y vivir como verdaderos santos, en temor y temblor: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”, (Filipenses 2:12). Entre otras cosas esta ciudad era famosa por su colirio, un medicamento que ayudaba a aliviar los problemas de la vista, y por esta razón Jesús le dice a esta iglesia a comprar de El su colirio espiritual para que se ungieran sus ojos y fueran capaces de darse cuenta de su triste condición espiritual. Hoy en día vivimos en una época donde muchos creyentes han caído en una tibieza espiritual, creyéndose cristianos son amigos de este mundo contaminándose con la inmundicia del pecado y llevando vidas sin mayor compromiso. Muchos están ciegos y no quieren reconocer su terrible condición; pero ante esta realidad, todos debemos pedirle a Dios que nos ayude a ver nuestra situación y no dejarnos contaminar por este mundo.


                Ante este llamado al arrepentimiento, el Señor también hace una invitación a que abramos la puerta de nuestro corazón y le permitamos entrar: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Desde que el hombre se perdió en sus pecados, Dios lo ha estado llamando al arrepentimiento para que se conviertan de sus maldades y se vuelva a Él, pero como toda invitación está en el hombre el aceptarla. En Isaías vemos este mismo modelo, el llamado al arrepentimiento y la invitación a venir a Dios: “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho”, (Isaías 1:16-20). Ante el llamado al arrepentimiento el hombre tiene que elegir si acepta la invitación o no, pero si no lo hace debe estar consiente que sus pecados lo conducirán a la condenación eterna. Quiera Dios que todos nosotros abandonemos el pecado y abramos la puerta de nuestro corazón para que su Santo Espíritu viva en nosotros.



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Jesús llamando a la puerta

Un artista llamado Holman Hunt pintó un cuadro de Jesús llamando a la puerta. Un hombre fue a ver al Sr. Hunt y le dijo: “¡Usted ha cometido un error! ¡No le puso picaporte a la puerta por el lado de afuera!” El artista replicó, “No, no es un error. Usted no comprende. El único picaporte está por el lado de adentro. ¡Cada persona debe abrirle voluntariamente la puerta a Jesús!” Es interesante observar que Jesús mandó un mensaje a toda la iglesia de Laodicea, pero no invitó a toda la iglesia a responderle. Una iglesia está compuesta de individuos y cada uno debe responder personalmente.

La promesa.


“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.
Apocalipsis 3:21

                Al vencedor El Señor Jesús le promete que se sentara a su lado, en su tono. Curiosamente este era el privilegio por el cual Satanás se revelo ya que quería ser semejante al Altísimo y sentarse en el trono de Dios: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”, (Isaías 14:12-15). Sin embargo, Dios le ha dado este privilegio a todos aquellos que por la fe en Jesús sean salvos, haciéndose coherederos de su glorioso reino: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”, (Romanos 8:16-17). Es importante que nosotros los cristianos no olvidemos estas gloriosas promesas, por ello debemos esforzarnos, santificando nuestras vidas, sirviéndole a Dios con todo nuestro corazón y no olvidando que nos espera una patria celestial.



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