La Misión de la Verdadera Luz (Juan 1:9-13)


“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;  los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
Juan 1:9-13

INTRODUCCIÓN


               Ha quedado claro que Jesús es la única y verdadera luz, metáfora que nos habla de la lucha que hay en este mundo entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. No demos confundir la verdadera Luz con otras antorchas, que si bien es cierto han alumbrado en este mundo como Moisés, Josué, David o Juan el Bautista, su luz no era propia, sino un reflejo de la verdadera, porque eran portadores de la misma. Menos debemos creer en aquellas personas que afirma ser la verdadera luz porque son mentirosos. Ahora, Juan, el apóstol, nos dirá cuál es la misión que la Luz verdadera tiene en este mundo.

JESÚS ES LA ÚNICA LUZ


“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.
Juan 1:9

                   El texto declara que Jesús es la luz verdadera. La palabra griega de donde se traduce verdadera proviene es alezinós (ἀληθινός) que alude a todo lo que es sincero y opuesto a lo falso. Por tanto, Jesús es el único ser que reúne todas las virtudes divinas y es perfecto en todos los sentidos. A lo largo de la historia, sin incluir el tiempo en el cual vivimos, muchos se han levantado aseverando ser la luz de este mundo, como por ejemplo Buda, Mahona, Joseph Smith, los dalailamas del Tíbet, los papas modernos y otros que han blasfemado haciéndose iguales a Cristo; pero lo único cierto es que en ellos no se encuentra la verdad. También es cierto que Dios ha levantado en diferentes dispensaciones hombres que han guiado al pueblo de Dios, pequeñas antorchas que alumbraron este mundo, como Moisés, Josué, Nehemías, Esdras, Pablo, etc.; pero ninguno fue la verdadera luz. En la actualidad muchos puede llamarse a sí mismo la luz de este mundo, pero nosotros sabemos que es Jesús y por tal motivo el apóstol Juan escribió estas palabras para declarárselo a todo el 
luz-del-mundo
La Luz del Mundo: Jesús

EL MUNDO NO CONOCIÓ ESTA LUZ


“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.
Juan 1:10-11


                Es increíble pensar que esta Luz verdadera fue la que dio vida a todo el mundo conocido, incluyéndonos, y antes de que esta luz viniera a nuestras vidas estábamos en total tinieblas por causa de nuestros pecados, pero lamentablemente los hombres no reconocieron esta luz que vino a ellos: En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. Desde el mismo comienzo de la humanidad Dios se dio a conocer a los hombres a través de la misma creación para que el hombre al considerar la grandeza de la creación creyera en un Creador: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”, (Salmo 19:1). El mismo apóstol Pablo nos dice que su gran gloria fue revelada a través de toda la creación: “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”, (Romanos 1:19-20). Tristemente el corazón del hombre está lleno de tinieblas y en lugar de rendir culto a Dios terminaron adorando a la creación: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles”, (Romanos 1:21-23). A través de las Escrituras Dios les testifico a los judíos que un día vendría su enviado, el Mesías, la Luz verdadera y es a través de Él que ahora se revela a todo el mundo: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”, (Hebreos 1:1-2). Un día hace más de 2000 años esta Luz se revelo a los hombres pero muchos no lo aceptaron: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.  Los suyos son su pueblo, Israel, ya que la mayoría lo rechazo y lo crucificaron, pero todo esto estaba en sus planes eternos.

LA OBRA COMPLETA DE LA LUZ VERDADERA


“Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;  los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
Juan 1:12-13

                      Jesús la luz verdadera se revelo a este mundo con un propósito específico: el reconciliar al hombre con Dios. Aunque muchos le rechazaron lo cierto es que a todos los que reciban esta luz, sea judío o griego, y crean en su nombre les da la potestad de ser hechos hijos de Dios, esto en sí constituye el mayor de todos los privilegios que alguien puede llegar a tener. La condición para este título de salvación es “creer en su nombre”. Juan deja claro que es a través de creer, es decir, por medio de la fe en el nombre de Jesús que alguien puede llegar a tener la potestad de ser hijo de Dios. No olvidemos que el mismo nombre de Jesús (Ἰησοῦς) significa “El Señor es Salvación”. La palabra que se traduce como potestad proviene del griego exousía (ἐξουσία) que denota la autoridad y capacidad de ser acreedor de algo. Es solo a través de Jesús que un ser humano puede llegar a ser hecho un hijo de Dios, no por medio del esfuerzo humano o por medio de la religión, sino por medio de la intervención divina: los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.  Hoy en día podemos convertirnos en verdaderos hijos de Dios y salvar nuestra alma creyendo en Jesús, pero lo triste es que muchos no lo hacen así ya que aman más las tinieblas: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”, (Juan 3:17). Debemos abandonar las tinieblas y volvernos a la luz verdadera para que nuestra alma sea salva aquel día.



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