Las Tentaciones de Jesús (Mateo 4:1-11)

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.  Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,  y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.
Mateo 4:1-11

INTRODUCCIÓN

                 El capítulo 4 del evangelio según Mateo inicia con otro de los eventos importante y significativos en la vida de Jesús, nos referimos a las tentaciones del desierto: Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. El significado de las tentaciones de Jesús, sobre todo por haberse producido al comienzo de su ministerio público, se debe entender desde el punto de vista de su misión como Mesías. Él no cumpliría esta misión auxiliándose de sus atributos como Dios para satisfacer sus propias necesidades (primera tentación) o para ganar una gran multitud de adeptos mediante milagros (segunda tentación), ni llegaría a ningún tipo de arreglo con Satanás (tercera tentación). Hasta el momento el apóstol Mateo se ha dado a la tarea de presentar las credenciales genealógicas de Jesús al demostrar su procedencia como descendiente de Abraham y el rey David. También ha enlazado varias profecías mesiánicas con una serie de eventos que van desde su nacimiento hasta el momento de su bautismo. Ahora está por mostrar las credenciales morales del Mesías. En primer lugar, vamos a considerar el escenario, es decir, el desierto. La parte deshabitada de Judea estaba en la meseta central, que era la columna vertebral del Sur de Palestina. Entre ésta y el Mar Muerto se extendía un tremendo terreno de cincuenta por ochenta kilómetros, que se llamaba Yesimón, que quiere decir “Devastación”: las colinas eran como montones de polvo; las montañas calizas parecían incineradas; las rocas, lisas y puntiagudas; el suelo sonaba a hueco cuando lo pisaban los caballos; ardía como un horno inmenso, y se abría en precipicios de setecientos metros sobre el Mar Muerto. Fue en aquella horrible devastación donde Jesús fue tentado. Ahora bien, basados en la lectura del primer versículo de este capítulo podríamos concluir que el diablo no condujo a Jesús al desierto para ser tentado; sino fue el Espíritu Santo quien lo hizo: Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.  Aquí se utiliza la palabra “tentado” la cual se traduce del griego peirádso (πειράζω) y puede traducirse de dos formas las cuales son tentar o probar, dependiendo el contexto donde aparezcan. Veamos de que depende este contexto. En primer lugar, se traduce en un sentido positivo como “probar” o “someter a prueba” cuando se utiliza en el contexto de la relación de Dios con su pueblo. Vemos un ejemplo de esto cuando la Biblia dice que Dios probó a Abraham: “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré…. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo… No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios… Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos”. (Génesis 22:1-2, 11, 12, 16-17). En este sentido Abraham fue probado por Dios para demostrar su gran fe y fidelidad lo cual provocó que el mismo Dios jurara por sí mismo que lo bendeciría. En este contexto Dios probo a Abraham para obtener un resultado positivo. En segundo lugar, peirádso (πειράζω) se traduce en un sentido negativo como “seducir”, “tentar” o “inducir al pecado”, y se usa en el contexto de la influencia del diablo en seducir a los hombres a pecar, y de aquí que el nombre que se le da al diablo en Mateo 4:3 es “el tentador”, porque vino a Jesús con el propósito de tentarlo. En consecuencia, peirádso (πειράζω) debe entenderse en ambos sentidos, y en este versículo 1 el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que su fe fuera probada; pero el encargado del proceso era Satanás, cuyo objetivo era seducir a Jesús a pecar en contra de Dios; sin embargo, nuestro Señor venció todas las pruebas a las que fue sometido: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”, (Hebreos 4:15). 


Jesús-desierto
Jesús en el desierto

               

                   La naturaleza de las tentaciones

                Antes de proseguir con el estudio de estos versículos queremos hacer un paréntesis aprovechando el tema de la tentación y considerar su naturaleza. En cuanto a la naturaleza de la tentación, queremos hablar en primer lugar de la forma de cómo esta seduce a los seres humanos y para ello el apóstol Juan en su primera epístola nos dice que se manifiesta en tres formas diferentes: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”, (1 Juan 2:15-16). En estos versículos se nos presentan las tres formas en como el ser humano es tentado, es decir, puede ser tentado a través de los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Por tanto, el tentador intentara seducirnos por medio de estas tres formas, y así lo ha hecho desde el principio del tiempo, por ejemplo, si leemos la historia de la caída del hombre en el libro de Génesis podremos ver que las tres seducciones estaban presentes en la tentación que la mujer experimento: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”, (Génesis 3:6). Si somos cuidadosos en leer nos daremos cuenta de que el árbol era bueno para comer (deseos de la carne), además de que el fruto era agradable a los ojos (deseos de los ojos) y que el árbol codiciable para alcanzar la sabiduría (vanagloria de la vida). De esta forma vemos las tres seducciones de 1 Juan 2:15-16 presentes en la tentación de Adán y Eva, y en general, así tienta al hombre contemporáneo. En segundo lugar, la tentación induce al hombre a pecar y el pecado produce muerte: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”, (Santiago 1:13-15). De esta forma el resultado final de la tentación, cuando el hombre sede a ella, es muerte, y así lo vemos en la Biblia. Ahora, vemos al diablo que llega a Jesús para tentarlo en estas tres áreas, sin embargo, nuestro Señor logro vencerlas. Así como Adán fue tentado estando en el huerto del Edén y teniendo mejores condiciones que las de nuestro Señor, así Jesús es tentado en el desierto de la misma forma, de tal manera que podemos ver un comparativo entre las formas de tentar de 1 juan 2:16, las tentaciones de Adán en Génesis 3 y las tentaciones de Jesús en Mateo 4.

DE LA DERROTA A LA VICTORIA: ADÁN Y JESÚS ENFRENTAN LA TENTACIÓN

1 Juan 2:16

Primer Adán: Génesis 3:6

Segundo Adán: Mateo 4:1-11

Deseos de la carne

El árbol era bueno para comer

Di a estas piedras que se conviertan en pan

Deseos de los ojos

Era agradable a los ojos

El diablo… le mostró… todos los reinos de la tierra

Vanagloria de la vida

Árbol codiciable para alcanzar la sabiduría

Échate de aquí abajo


                  De esta forma vemos la enorme similitud que existe entre las tentaciones de Adán y las de Jesus, con la diferencia que Jesús salió victorioso: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”, (Romanos 5:18-19). Veamos ahora en que consiste cada tentación.

PRIMERA TENTACIÓN


“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Mateo 4:3-4

            A partir del versículo 2 se nos comienzan a presentar las tentaciones de Jesús. Para este momento nuestro Señor había ayunado 40 días en el desierto y por consecuencia tenía hambre. Cuando pensamos en estos 40 días de ayuno se nos viene a la mente los 40 días que Moisés ayunó en el monte Sinaí antes de recibir la ley de Dios (Éxodo 24:18), ahora viene nuestro Señor y antes de iniciar su ministerio publico, se retira a un lugar solitario en el desierto a ayunar por 40 días después de ello, el enemigo no pierde tiempo en tentarlo con los deseos de la carne, porque después de 40 días de ayuno Jesús tenía hambre y por eso le dice: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Con estas palabras no solo estaba desafiándolo a que demostrara sus poderes divinos, sino también quería obligarlo a usar estos poderes de manera egoísta, es decir, para satisfacer sus propias necesidades carnales fuera de la voluntad de su Padre y así hacerlo caer en el pecado de la falta de confianza.

                  Jesús sabía que tenía una misión que cumplir en esta tierra, y podía hacerlo de dos formas diferentes. Podía hacer uso de sus poderes divinos para cumplir su ministerio o someterse a la voluntad de su Padre. Dios le ha dado un don a cada persona, y cada persona puede hacerse una de dos preguntas. Puede preguntarse: ¿Qué provecho puedo yo sacar de este don? o, por el contrario, podría preguntarse: ¿Cómo puedo yo usar este don para el bien de los demás? Esta clase de tentación se nos puede presentar en las cosas más sencillas. No hay persona que no tenga la tentación de usar egoístamente el don que Dios le haya asignado y Satanás llego a Jesús con ese fin. El desierto de Judea estaba lleno de rocas que hasta podrían asemejarse a grandes panes, y el diablo toma ventaja de la necesidad física de Jesús desafiándolo a que si era el Hijo de Dios convirtiera las piedras en pan; sin embargo, Jesús no cayó en la tentación y al mismo tiempo nos muestra la manera de defendernos de los ataques del enemigo, y esta es por medio de la palabra de Dios: El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Aquí Jesús cita una parte de Deuteronomio 8:3: Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”, (Deuteronomio 8:3). Así como Dios les dio el maná a los israelitas de una forma sobrenatural de Tal forma que nada les falto cuando anduvieron los 40 años en el desierto, también les puede dar a los suyos todo lo que necesitan, tanto físico como espiritual. Por tanto, Jesús confiaba en su Padre en cuanto a la satisfacción de sus necesidades, por tanto, Él sabía que no necesitaba usar sus poderes divinos para solventar sus necesidades ya que no solo de pan viviría el hombre, sino que Dios siempre proveería.

SEGUNDA Tentación


“Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”.
Mateo 4:5-7

                 La segunda tentación tiene que ver con la vanagloria de la vida y para ello el diablo llevó a Jesús al pináculo del templo de Jerusalén. El templo había sido reconstruido por Herodes el Grande. Tenía 15 pisos de altura, el atrio había sido notablemente agrandado, hasta tener 300 metros de largo por 470 de ancho. Para lograrlo, se tuvo que crear una enorme plataforma a fin de compensar el fuerte declive que existía al sureste. Un enorme muro de retención hecho con piedras monumentales soportaba la plataforma en la cual se levantaba el edificio del templo, con sus pórticos y patios rodeados de hermosas explanadas y columnas. Ahora bien, no sabemos cómo, pero rápidamente el diablo lleva a Jesús a Jerusalén, al pináculo del templo. La transición es rápida, sin demora, ya que después de la primera, nuestro Señor está enfrentándose a su segunda tentación. Sobre un ala del templo; desde una altura vertiginosa nuestro Señor mira hacia abajo y Satanás está con Él después de haber fracasado con la prueba de la falta de confianza en Dios, por lo que hoy recurre al otro extremo de la confianza, el de la excesiva confianza, que lleva a la presunción.


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Templo judío reconstruido por Herodes

              Satanás se aprovecha de la primera respuesta de Jesús basada en las Escrituras. Él dice: ¡Qué bien que confíes en Dios al no usar tus propios poderes para alimentarte!, ¡Qué bueno que cites las Sagradas Escrituras! Así que ahora demuestra tu confianza en Dios ya que escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra, aquí Satanás está citando uno de los Salmos: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra”, (Salmo 91:11-12). El diablo hace algo muy peligroso: Usar las Escrituras a su favor torciendo su significado ya que el uso que hace de la Palabra no refleja la intención de estas. Jesús responde usando correctamente otro pasaje de las Escrituras: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Aquí el Señor vuelve a citar Deuteronomio: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Deuteronomio 6:16). De esta forma Jesús vence la segunda tentación. Confiar en Dios es bueno, pero provocarle a ira a través del abuso de sus promesas es un grave pecado. La respuesta de Jesús Escrito está también” arroja una luz acerca de una de las leyes básicas de la interpretación bíblica: La Biblia se interpreta con la Biblia. No debemos sacar una conclusión de un solo pasaje, separándolo de otros, apartado de su contexto y desunido de la unidad de la verdad. Además, no es bueno querer ver hasta dónde puede uno llegar con Dios, especialmente cuando lo hacemos de forma imprudente; no tiene sentido exponerse deliberadamente en una situación peligrosa, atrevida e innecesaria y esperar que Dios nos libre de las consecuencias. Dios espera que asumamos riesgos por fidelidad a Él, pero no para elevar nuestro prestigio. La fe que depende de las sensaciones, señales y los milagros no es la verdadera fe. El poder salvador de Dios no es algo con lo que se puede jugar ni experimentar, sino algo en lo que hay que confiar al 100% en la vida diaria.

Tercera TENTACIÓN

“Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,  y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.
Mateo 4:8-11

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Jesús es tentado

                    La tercera tentación tiene que ver con los deseos de los ojos. Hasta el momento el diablo ha tentado a Jesús con la falta de confianza y exceso de confianza. Ahora lo tentara a tener una falsa confianza. En esta ocasión el diablo pide adoración para él por parte de Jesús, y a cambio le concederá todos los reinos del mundo: Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. El peligro con esta tentación es que Jesús podía recibir el poder sin luchar, sin cruz, en un solo momento. Y es verdad: el diablo, por así decirlo, tiene el dominio temporal sobre todos los reinos de este mundo. La Biblia afirma que el mundo entero está bajo el control de Satanás: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”, (1 Juan 5:19). Originalmente este derecho se le dio al hombre en el huerto del Edén; sin embargo, perdió este derecho cuando desobedeció comiendo del fruto que Dios les había prohibido. Así Satanás tomo dominio del mundo. Posteriormente confirmó su título venciendo a Israel, el pueblo escogido de Dios el cual cayó en graves pecados y provocaron el juicio sobre ellos. Además, los imperios mundiales, Egipto, Asiria, Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma, fueron influenciados por Satanás, siendo sus sistemas de idolatría y pecado una clara muestra de su control sobre ellos. Asimismo, el nuevo imperio: La Comunidad Europea será influenciada por su maldad. Dios le había prometido a su Hijo amado que todas las naciones le serían entregadas: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”, (Salmo 2:8). No obstante, éstas le serían entregadas a través del camino de la cruz. Ahora Satanás le ofrece una verdadera tentación insinuándole que no es necesario atravesar por el sufrimiento de tres años de ministerio que terminaría en su muerte para cumplir con su misión. Jesús, sin embargo, vino para recuperar este mundo del poder del diablo, pero no sin la cruz. Ahora el Señor muestra su autoridad al decir al diablo que se vaya: Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. El diablo obedece. Nuevamente Jesús menciona palabras de Deuteronomio: A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás”, (Deuteronomio 6:13). Una de las mayores desventajas de los seres humanos es nuestra impaciencia, sin embargo, Jesús nos mostró que el mejor camino es en esperar en la voluntad de Dios siguiendo su camino y no los atajos u ofertas que el diablo nos pueda ofrecer. La confianza en su Padre no le avergonzó: ahora, después del primer triunfo, vienen los ángeles para servirle: “El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”. De esta forma, nuestro Señor Jesús venció las tres tentaciones, sin aferrarse a sus atributos divinos, como un hombre que se sujetó en dependencia al Espíritu Santo y auxiliado por la palabra de Dios, no obstante, su divinidad queda clara en este pasaje al ver como después de su victoria los ángeles vinieron a Él y le servían, y por ello Gregorio Magno dijo: “En estas palabras se manifiesta la doble naturaleza de su persona, porque es hombre a quien el diablo tienta y Él mismo es Dios a la vez, a quien los ángeles sirven”. De esta forma el diablo le dejó, pero por un tiempo, ya que en el futuro continuaría oponiéndose a su ministerio: “Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo”, (Lucas 4:13).



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